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Mito y política en el Antiguo Egipto: la disputa entre Horus y Seth

 No podemos negar que la mitología ha sido un importante instrumento de control y cohesión social. Los egipcios crearon su mundo cosmogónico para edulcorar una profunda división social. En un extremo se encuentra el faraón y sus agentes que detentan el monopolio de los recursos del Estado. Por otro lado, están las comunidades campesinas signadas por la extracción tributaria. Ahora bien, al detenernos en la imagen del faraón nos preguntamos de qué manera logró concentrar un poder que lo convirtió, ante los ojos de sus súbditos, en un ser magnánimo y omnipotente. En este escrito intentaremos responder este interrogante a partir del análisis del mito de la Enéada (compuesta por loa dioses: Atum-Ra, Shu, Tefnut, Gueb, Nut, Osiris, Isis, Seth y Neftis). Particularmente nos abocaremos a la “contienda entre Horus y Seth” cuyo relato se divide en cuatro escenas y el denominador común es el proceso de transferencia del poder divino hacia el rey. Un camino por el cual el futuro gobernante deberá sortear peligros.



1ra escensa. Peleas y exclusiones

La contienda transcurre en la Corte, presidida por Atum-Ra, para otorgar la dignidad real a Horus o Seth. Además de los jueces, se encuentran otros dioses menores presenciando el juicio. El Tribunal se divide entre los partidarios de Horus (Thot, Isis y Shu) y los que desean favorecer a Seth (Atum-Ra). Ra le espeta a Horus que no puede recibir el oficio: ¡tú eres débil de cuerpo y esta dignidad es muy grande para ti! Esta afirmación representaría que el faraón no se encuentra lo suficientemente preparado para asumir el poder estatal. 

La acusación de Ra genera un revuelo en el Tribunal y Baba le grita: ¡Tu santuario está vacío! Ante esta ofensa, la contienda se detiene y todos los dioses se sienten agraviados e insultados. Se vuelven contra Baba y le exigen que se vaya del recinto porque el crimen que has cometido es muy grave. Como sostiene Marcelo Campagno, se trata de una ofensa que transgrede los códigos que deben regir los comportamientos en los ámbitos estatales.      

La exclusión de Baba podría explicar un procedimiento de expulsión de un funcionario de las esferas estatales lo cual significa un corte de los nexos políticos y la imposibilidad de una promoción política. En lo que a nosotros nos concierne, este acto también puede referenciar que ante cualquier situación que ponga en duda el orden natural debe mantener sus lazos de fidelidad con los dioses.   

Representación de la Enéada en un papiro de Heliópolis

 2da escena. Castigo y mutilación

La contienda aún no encuentra una resolución como resultado de la negativa de Seth a aceptar que Horus obtenga la dignidad real. De este modo, impone una serie de nuevos procedimientos para resolver el asunto lo cual genera una perplejidad en la Corte. Entre las artimañas de Seth, se encuentra el traslado del litigio a otra isla con el deseo de separar a Horus de su madre, Isis. 

Para presenciar el proceso, Isis le solicita a Anty (barquero) que la ayude a cruzar El Nilo. Seth se da cuenta de esta estratagema y le exige a Ra que castigue a Anty: Haz que se traiga a Anty, el barquero, y se le inflija un gran castigo […] ¿Por qué has hecho que ella cruce? El barquero fue traído a la Corte y se le amputaron las extremidades de sus pies. Los dioses no castigan a Seth por sus trampas para dilatar o desviar el pleito judicial sino a Anty que, en este caso, realizaba una tarea propia de servidumbre. 

Este pasaje del mito es ilustrativo porque refleja que la aplicación de un mecanismo de coerción y castigo no se discutía cuando se trataba de servidores del Estado. 

3ra escena. Poder y sangre

El tercer episodio del relato se caracteriza por una serie de actos violentos. Seth exige una serie de pruebas de resistencia con el deseo de engañar a Horus y asesinarlo. Isis interviene para ayudar a su hijo, pero culmina salvándole la vida a Seth porque éste le recuerda que es su hermano. Ante este hecho de traición de parte de su madre, Horus enfurecido decide decapitarla.   

La Eneada castiga la actitud de Horus con respecto a su madre dando que ha contravenido las normas reciprocitarias de los lazos de parentesco. Sin embargo, la sanción se consuma a espaldas de la Corte cuando Seth decide arrancarles los ojos a Horus en un acto de venganza. Por lo tanto, estaríamos hablando de un mecanismo de ajuste de cuentas para zanjar disputas políticas y que no se encuentra velado en la legislación egipcia. 

 4ta escena. ¡Oh! ¡Salve al faraón!

Ante la perplejidad de la corte, Seth promueve nuevas artimañas, incluyendo el intento de violación de Horus. Pero éste desbarata todos los planes de su rival. Los dioses de la Enéada se lamentan de la situación dado que Seth no hace caso a todo lo que se dice. En último relato daría entender que nos encontramos en una situación irresoluble hasta que interviene Osiris desde el más allá. Para los egipcios, este tipo de representaciones tenía una aplicación utilitaria porque pretendían legitimar los actos terrenales del faraón.

Representación de Osiris, dios de la fertilidad agricultura y resurrección

En su carácter de “dios-rey”, la voluntad de Osiris no puede ser contrariada. Así, Horus recibe la dignidad real y Seth es puesto prisionero. Además de la concesión del poder, el privilegio obtenido por Horus incluye la oportunidad de continuar con su propio legado y constituir su propia dinastía. 

Este aspecto es interesante, porque la dignidad real representa la restauración del poder centralizado y burocrático del Estado egipcio. En cambio, la corrupción de los funcionarios, encarnada en las artimañas de Seth, y la inoperancia de la justicia, expresada en la perplejidad de los dioses, solo se resuelve con la intervención de la máxima autoridad: Osiris en el mundo cósmico y el faraón en el mundo terrenal.  

La contienda entre Horus y Seth expresa la puja entre el orden natural y el caos. En otras palabras, se trata de la pelea entre la gobernabilidad y la inestabilidad política. En su camino de ascenso al trono, el futuro faraón se prepara en el conocimiento de los dispositivos estatales y para-estatales necesarios para gobernar, acabar con sus rivales y aplicar la justicia sobre sus servidores. Por lo tanto, la ficcionalización del pasado a través del mito conforma un recurso de la elite dirigente para reconstituir la política y legitimar su poder.     

Léase

Campagno, Marcelo (2006). “Crimen y castigo en la contienda entre Horus y Seth”, en Campagno Marcelo, Estudios sobre parentesco y Estado en el Antiguo Egipto, Ediciones del Signo. 

Moreno García, Juan Carlos. (2004). Egipto en el Imperio Antiguo, Bellaterra. 

Zingarelli Andrea y Mayocchi Valeria. (2017). Relatos del Antiguo Egipto, Editorial Biblos. 


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