“Al agote, garrotazo en el cogote” es un dicho popular de algunas zonas de Navarra que ilustra muy bien la gran discriminación que han sufrido los agotes. Los agotes no constituían un grupo étnico, ni religioso diferenciado. Su lengua y fe eran las de la población de la zona en que se hallaban. Anatómicamente, no eran diferentes del resto, y aun así, durante casi ocho siglos, fueron víctimas de discriminación socioeconómica por lo que su condición de minoría social era exclusivamente fruto de la marginación. Partiendo del nombre, "agotes", algunos autores dieron credibilidad a la teoría de un origen godo, quizá desertores de algún ejército refugiados en los valles vasconavarros, donde serían mal recibidos por la población autóctona y se iniciaría así un prejuicio alimentado por la leyenda. Otros han afirmado que serían descendientes de criminales llegados de Francia que, para escapar a la justicia, se ocultaron en lazaretos antes de cruzar la frontera. De ahí habría surgido l...
Los autores clásicos recogieron aterrados cómo algunas tribus peninsulares asesinaban a civiles para adivinar el futuro y preferían comerse unos a otros, antes que rendirse. Numerosas fuentes hacen referencia a sacrificios humanos efectuados entre los pueblos de Hispania. Cicerón aseguraba que "los sacrificios humanos tenían en Hispania el mismo carácter que en la Galia, donde eran muy frecuentes". Julio César, por su parte, es algo más explícito: "los que se ven aquejados de enfermedades graves o andan en continuas luchas y en peligro inmolan hombres como víctimas o hacen votos de inmolarse ellos mismos, pues creen que no hay modo de aplacar a los dioses inmortales si no es ofreciendo la vida de un hombre por la de otro.” Pero, sin lugar a dudas, el testimonio más contundente nos lo proporciona Estrabon, " Los lysitanoi (lusitanos) hacen sacrificios y examinan las vísceras sin separarlas del cuerpo; observan así mismo las venas del pecho y adivinan palpando. Tambié...