El presente escrito tiene el propósito de mostrar la vida de un personaje que tuvo su papel en las guerras civiles que marcaron la crisis de la República romana, particularmente en la provincia de Hispania: Quinto Sertorio (122 a.C-72 a.C). ¿Cuáles fueron sus orígenes? ¿Qué postura asumió en el enfrentamiento entre los populares y optimates? ¿Cómo logró unir a pueblos de diversas etnias contra el yugo romano? ¿Por qué generó una divergencia entre los historiadores? Invitamos al público lector a interiorizarse sobre la vida de este individuo que generó dolores de cabeza al Senado romano.
Un Homo Novus
Nacido
en Nursia (Italia) en el año 122 a.C, Quinto Sertorio pertenecía a una familia
aristocrática. Como todo miembro de la elite provinciana, buscaban desarrollar
su carrera política a través del ejército y soñar con alcanzar un cargo de magistrado. Es importante mencionar que, en los tiempos
republicanos, estos sectores demandaban ser reconocidos como ciudadanos romanos
lo cual implicaba la reducción de los pagos tributarios y anhelar con ingresar
al Senado, el principal órgano de poder de Roma.
Sertorio perteneció a la generación de los homo novus, aristócratas que vía sus características personales y la manipulación de las demandas sociales más sensibles de los sectores subalternos iban escalando peldaños en las estructuras de poder. La destreza militar y el manejo de la oratoria para envalentonar a las tropas, aún en momentos adversos, fueron los atributos esenciales para que nuestro personaje alcanzase el cargo de questor. En el plano social, Sertorio apoyó las reformas de Mario en el ejército como el pago de salarios y la entrega de tierras para los veteranos. Esto comenzó a resquebrajar su relación con los miembros senatoriales que veían en él un peligro al concentrar poder y lealtad entre la soldadesca. De este modo, apoyó al bando popular frente a la facción conservadora u optimate encabezada por Lucio Cornelio Sila.
En el
90 a.C, la derrota de Mario y el nombramiento de Sila como dictator por el Senado encontró a Sertorio ejerciendo su nuevo cargo de Pretor en la región de Hispania. Una vez
asumido su nuevo puesto político, Sila prometió eliminar todo vestigio popular en las provincias del imperio.
Se dio lugar a una serie de desplazamientos, expropiaciones y ejecuciones de
todo aquel acusado de ser partidario de la facción de Mario. Cuando llegó el
turno de Sertorio, trató de presentar resistencia, pero fue derrotado en el 82
a.C. Para evitar el juicio sumario y la muerte, huyó hacia África para
recuperar fuerzas y así retornar a la península ibérica.
Refugiado en la ciudad de Osca (Huesca), Sertorio fue víctima de la traición de sus propios lugartenientes que lo asesinaron en un banquete organizado por una supuesta victoria militar. En Maldita Roma, Santiago Posteguillo sostiene la tesis que el motivo de la conspiración fue por desacuerdos tácticos entre el caudillo y su séquito más cercano en el 72 a.C. Este idea estaría sostenida por la posterior derrota del ejército sertoriano en manos de Pompeyo. Una a una las ciudades rebeldes aceptaron la derrota, salvo Calagurris, que aún era fiel a la causa de Sertorio. A pesar de una fuerte resistencia a las huestes pompeyanas, incluyendo la antropofagia entre sus habitantes, el último reducto opositor se rindió. Sin embargo, la tesis de Posteguillo debe matizarse en función de comprender que la causa de Sertorio implicaba un importante gasto de recursos que solo podría ser posible si existía una conflagración de pueblos, ciudades y reinos bajo la bandera antirromana. El apoyo de las aristocracias itálicas y asiáticas fue casi nulo.
Un
Estado romano paralelo
Algunas fuentes clásicas sostienen que la figura de Sertorio fue clave para la cohesión de las fuerzas populares en Hispania. Sin embargo, era importante tomar una serie de medidas y una propaganda política que evitasen que los pueblos y ciudades culminasen apoyando a Roma. En primera instancia, declaró a las ciudades hispanas como civitates que las dispensaba de impuestos y de obligaciones de acuartelar tropas romanas. Luego, creó un Senado hispano donde confluían los representantes de los celtiberos, romanos e hispanos de la región. Al mismo tiempo él fue nombrado como proconsul de Hispania en un claro motivo de legitimar su gobierno. Luego capitalizó la provincia hispana en la ciudad de Osca y fundó una Academia para que concurriese los hijos de las familias ricas locales para aprender griego y latín. Se especula que el propósito del establecimiento era reunir rehenes y mantener la lealtad de los nobles hispanos.
Otros historiadores aducen que esta postura independentista estaría sostenida por la idea de recibir la amnistía y retornar a Roma bajo la fórmula de la pietas erga patrum en contraposición al bellum externun (guerra con el extranjero) que le adjudicó el Senado romano. Entre los hallazgos arqueológicos se encontraron proyectiles de honda con la inscripción de la palabra pietas. Es bastante probable que existía el motivo de propagandizar la causa sertoriana sobre las filas senatoriales, únicas conocedoras de la lengua latina. Es por este motivo que en las fuentes clásicas no se encuentra una postura rupturista de parte de Sertorio hacia la República romana. Esta reivindicación permitía mantener leal a la población romana en la región bajo la promesa que se levantaría la acusación de hostis públicus que pesaban sobre ellos.
Otro pilar importante de su gobierno era el ejército al cual debía mantener cohesionado. No debemos dejar de mencionar la difícil lucha por mantener el conjunto de las tropas compuestas por romanos, hispanos y celtiberos. Crecían las deserciones y, en algunas ocasiones, líderes de los pueblos hispanos decidían cambiar de bando. De este modo debía aplicar una rigurosa disciplina y aplicar incentivos (reparto del botin) para mantener la lealtad de sus tropas más allá de la carismática figura de nuestro personaje.
¿Héroe o villano?
La figura de Sertorio dividió las aguas de los historiadores clásicos y modernos. Algunos lo consideran una suerte de héroe nacional. Por otra parte, es visto como un traidor y un simple esbirro. La visión negativa fue claramente construida en base a la postura de los vencedores. Cicerón se refiere a nuestro personaje como un individuo "falto de elegancia", una característica de los señores de toga en aquellos tiempos. Pero fue Diodoro de Sicilia uno de los más duros al construir la imagen de un traidor por levantar a las ciudades y pueblos provincianos para poner en peligro la República romana. Incluso, cuando su situación se complicó producto de las defecciones ibéricas tuvo que recurrir a la tiranía lo cual justificaría la traición y asesinato de sus lugartenientes. A partir de estas premisas se construyó una línea historiográfica moderna que objeto la visión de Sertorio y su liderazgo popular al estilo de Cayo Mario o Julio César. Más bien sería un condottieri o caudillo como Clodio que estuvo lejos de reorganizar el Estado hispánico.
En cambio, a pesar de considerarlo un rebelde, Salustio sentía simpatía por el general. Más contemporáneo, Floro, Amiano Marcelino y Orosio sentían admiración por nuestro personaje. Floro hizo hincapié en reconstruir las causas del levantamiento sertoriano en Hispania: la brutalidad del régimen de Sila, particularmente contra los opositores de la facción popular. En Res Gestae, Marcelino consideraba al general como un maestro de las artes bélicas y destacó algunas de sus proezas militares. En la misma senda, Orosio escribía sobre el sentimiento de amor por la tierra hispana de Sertorio. Su frugalidad era vista como una contraposición a la ambición de Pompeyo. Esta recuperación de su figura por parte de Marcelino y Orosio debe contextualizarse en el período de crisis y desmembramiento del Imperio Romano que dio lugar a una reivindicación de Hispania en resistencia frente a los invasores bárbaros.
Este fue el final de la Guerra de Hispania que coincidió con la vida de Sertorio. Y me parece que no se hubiera acabado tan rápida ni fácilmente, si Sertorio hubiera seguido vivo todavía
Véase
Alfoldy, Geza. (1997). Historia social de Roma, Editorial Crítica.
Brunt, Peter. (1973). Conflictos sociales en la República romana, Eudeba.
Kovaliov, Serguei. (2019). Historia de Roma. Editorial AKAL:
Plutarco. (1986). “Sertorio” en Vidas Paralelas, Vol. IV, Editorial Gredos.
Posteguillo, Santiago. (2023). Maldita Roma. La conquista del poder de Julio César, Ediciones B.
Sanz Casasnovas, Gabriel. (2022). Rabies indomita. Representación del bárbaro y violencia contra los no romanos en las Res gestae de Amiano Marcelino. Prensas de Universidad de Zaragoza.
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