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Entre el culto y la resistencia

 

El título de la presente publicación fue inspirada en un conocido escrito de Thierry Saignes sobre los caciques andinos durante el período colonial. El historiador francés se interesó por las estrategias que emplearon estos jefes para permanecer entre dos legitimidades: por un lado, las autoridades españolas y las comunidades campesinas indígenas, por el otro. En nuestro caso, la obra de Saignes fue un insumo para abordar una temática que ha ganado influencia dentro de la egiptología: el rol de los líderes aldeanos. En los últimos años se ha superado aquella visión, extendida por el ambiente cinéfilo, que la vida social en el Antiguo Egipto se desarrollaba bajo el yugo despótico del faraón y la mirada atónita de los campesinos. Esta opinión no permitía analizar la presencia de otros actores que se desenvolvían en acuerdo, autonomía y resistencia frente al poder real.  Ante un problema que apunta a analizar el funcionamiento de la sociedad egipcia, presentamos al lector este escrito sobre la importancia de los líderes aldeanos y su rol como intermediarios entre el faraón y las aldeas. 

 

 Violencia expropiada

Durante el período predinástico, los líderes campesinos se destacaban por concentrar el poder de la aldea. Por tratarse de una organización de características tribales, debía velar por los intereses de la comunidad basada en el dictado de normas, la protección frente a los problemas externos y la distribución del excedente. A través de estas funciones el jefe campesino se presentaba a su comunidad con el poder propio de un estadista: ejercía la coerción y su clan acaparaba una parte de la cosecha. En este sentido, Marcelo Campagno sostiene que la presencia de tumbas rodeadas de un significativo ajuar en los medios aldeanos lo condujo a hipotetizar que estos líderes aldeanos podían representar una suerte de pequeña elite en comparación a la nobleza egipcia. 

Para incrementar su radio de influencia, los jefes buscaron entablar vínculos con otras comunidades, siendo los intercambios comerciales y las alianzas matrimoniales, las estrategias pacíficas más recurrentes. Por el contrario, la actividad militar fue el mecanismo por el cual, los líderes acrecentaron su área de dominación. A modo de propagandizar los atributos militares del jefe, se representaban imágenes de cacería o castigos frente a sus enemigos con el deseo de causar obediencia entre sus súbditos y el temor en sus rivales. La violencia hacia la población egipcia estaba referenciada bajo el término de rhyt que en las imágenes eran representados a la altura de las piernas del faraón y a punto de ser ejecutados por un golpe de maza o ser decapitados con un cuchillo.   

En el período correspondiente al III Milenio a.C, el Valle del Nilo se vio envuelto en la guerra y el movimiento migratorio de la población como resultado del escenario bélico. De estos enfrentamientos surgió el Estado egipcio y ascendió la figura del faraón como el principal representante político en el mundo terrenal. Esto derivó en la expropiación o transferencia del poder de coerción y ejercicio de la violencia estatal de los lideres aldeanos al rey. Este proceso va a ser instruido al pueblo por los sacerdotes a través de los relatos mitológicos donde explican que la presencia de un faraón es fundamental para garantizar el orden y mantener las jerarquías sociales intactas. También, la acción de un contingente de funcionarios encargados de velar por los intereses estatales. En este caso, los jefes aldeanos deberán elegir entre la pleitesía al rey, mantener sus privilegios o representar los intereses de los campesinos.

 

Siempre viví en la misma comunidad 

A pesar de su degradación política y social, los líderes campesinos ocuparon un rol como mediadores entre el Estado y los aldeanos. En los Decretos de Coptos aparece una serie de referencias a las funciones de los jefes y su consejo relacionadas a la provisión de recursos a la administración estatal, seleccionar la mano de obra que se iba a destinar a la obra pública o colaborar en la delimitación territorial. Si bien el Estado ejerce la potestad de castigar a todo aquel que no cumpla con sus disposiciones, los representantes de las aldeas cumplían un importante rol como intermediarios y así podían lubricar los antagonismos sociales. Por eso, existían ocasiones que los funcionarios hicieron caso omiso al desvío de una parte del tributo a manos de este grupo.

La función mediadora de estos líderes era bien vista por los campesinos cuando lograban eludir el castigo estatal, el envío a cumplir las cuotas de trabajo en las minas o interceder en una disputa al interior de la aldea. En algunas excavaciones se encontraron estatuillas y armas, lo cual motiva la hipótesis del prestigio social o una relativa preponderancia que les permitía acceder a determinados bienes o ser reconocidos tanto por quienes se hallaban en un estrato político superior como por los propios aldeanos. Incluso, en algunas cartas a los muertos, las familias oraban por el bienestar del líder su comunidad.

La historiografía del Antiguo Egipto se divide al momento de caracterizar a los representantes campesinos. Algunos historiadores los presentan como adalides de los intereses populares y opositores a la política tributaria del faraón y la corrupción de sus funcionarios, incrementada en los períodos de carestía. Especialmente, habrían estado preocupados por evitar que los nedyés (campesinos pobres) perdiesen sus propiedades y cayesen en una especie de servidumbre rural bajo la nobleza egipcia.  

Por otra parte, Juan Carlos Moreno García, sostiene que la pauperización del campesinado favoreció el enriquecimiento de los jefes aldeanos que, al aprovecha su flexible posición de intermediarios, se convirtieron en magnates rurales. Para evitar la degradación a la condición de siervo, los aldeanos se sometían a un vínculo de características clientelares que tendía a debilitar el poder del faraón. Se estima que durante el primer período intermedio (2190 a.C-2050 a.C), un importante número de comunidades aldeanas se plegaron a las facciones nobiliarias provinciales de Coptos y Elkab para derrocar al faraón. De acuerdo a los primeros monumentos conservados del primer período intermedio, los reyes parecían proceder del medio social de los magnates rurales.

Léase

CAMPAGNO, M. (2016). “Surgimiento de lo estatal y liderazgo local en el Valle del Nilo (IV-III Milenios A.C)”, en CAMPAGNO M., GALLEGO J., GARCÍA MAC GAW C. G. (comp..), Regímenes políticos en el mediterráneo antiguo. Editorial Pescea.

GAYUBAS, A. (2016). “Guerra, territorio y cambio social en el Valle del Nilo preestatal”, en CAMPAGNO M., GALLEGO J., GARCÍA MAC GAW C. G. (comp..), Regímenes políticos en el mediterráneo antiguo. Editorial Pescea.

MORENO GARCÍA, J. C. (2004). Egipto en el Imperio Antiguo, Bellaterra.

SAIGNES, T. (1987). "De la borrachera al retrato: los caciques andinos entre dos legitimidades (Charcas)", Revista Andina, pp. 139-170.  
 

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