¿Combatiendo al capital? Algunas perspectivas historiográficas sobre el peronismo y la clase obrera.
El peronismo es uno de los fenómenos políticos más importantes de la historia argentina y su vínculo con la clase obrera ha sido objeto de múltiples debates y perspectivas. A continuación, se presentan distintas interpretaciones historiográficas que nos permiten problematizar esta relación ¿De qué manera el peronismo transformó la relación entre el Estado y la clase obrera en la Argentina? ¿Qué cambios sociales y económicos experimentó la clase obrera durante los primeros años del peronismo? ¿Por qué suele discutirse si el peronismo fue o no un movimiento revolucionario? ¿En qué medida el peronismo permitió la autonomía política y organizativa de la clase trabajadora?
Importante dirigente del Partido Comunista, Rodolfo
Ghioldi caracteriza al peronismo como un movimiento político no revolucionario
porque su triunfo no determinó el desplazamiento de la clase dominante ni el
ataque a las relaciones sociales de producción existentes. En ese sentido, más
allá de los beneficios a los sectores obreros, la política general del
peronismo aseguró la continuidad de la estructura de propiedad latifundista y
los privilegios de los monopolios extranjeros. El autor realiza una comparación
del peronismo con el fascismo italiano y el régimen Nazi alemán, planteando que
al igual que éstos el movimiento liderado por Perón tuvo un amplio apoyo de las
masas, pero detrás de declamaciones programáticas revolucionarias sostuvo un
programa reaccionario al servicio de los grandes capitales. Las mayorías
obreras, en esta visión, aparece como una masa políticamente “disponible” y
“manipulada” por un líder que las subordina a un proyecto burgués y la aleja de
sus verdaderos intereses históricos. En palabras del propio Ghioldi “(...) esas masas, dirigidas
por un comando que no quería romper con el latifundismo ni malquistarse con el
imperialismo, carecieron de independencia política e ideológica.” (Strasser,
1959, p.60)
Haciendo eje en la “cuestión nacional”, Rodolfo Puiggrós tiene una mirada positiva del peronismo y lo define como “ (...) el mayor movimiento nacional de masas de nuestra historia por ser el resultado de las contradicciones internas de la sociedad argentina en determinado grado de su desarrollo (...)” (Strasser, 1959, p.158). El autor destaca los logros del gobierno de Perón relacionados con la autodeterminación nacional, el desarrollo económico autónomo y los beneficios sociales para la clase obrera. En este sentido, el peronismo es una experiencia progresista para las masas porque siendo un movimiento policlasista el peso de la clase obrera en su seno es fundamental.
Silvio Frondizi sostiene que el peronismo fue un régimen bonapartista definido como un singular ordenamiento político que surge en fases de profunda tensión social y que a partir del control del estado despliega una política de conciliación de clases que detrás de una aparente neutralidad sostiene los intereses fundamentales de la burguesía. Nuevamente, Frondizi subraya que a pesar de las escasas concesiones que otorgó Perón a los obreros en un momento económico excepcional, mantuvo inalterada la estructura de la propiedad de la tierra y benefició a los grandes monopolios extranjeros. Por otra parte, el autor rescata la incorporación de las masas a la vida política como un aspecto positivo del peronismo ya que esto desarrolla la conciencia política del obrero. (Strasser, 1959, p.31)
Jorge Abelardo Ramos basa su análisis en lo que considera contradicción principal Imperio / nación. Al igual que Frondizi, caracteriza al peronismo como un régimen bonapartista. Sin embargo, pondera positivamente su política de industrialización y defensa de los intereses nacionales. En esta defensa el autor plantea que la clase obrera se vio beneficiada. Sin embargo, el peronismo obstaculizó organización independiente de la clase obrera apoyándose firmemente en el ejército. (Strasser, 1959, p.202)
Desde el trotskismo, Milcíades Peña también caracteriza al peronismo como un régimen bonapartista. En su visión, se trató de un régimen basado en el ejército que defendió los intereses británicos. Compartiendo la visión de Gino Germani, para el autor la masa obrera es heterónoma y está “disponible” políticamente. Esto le permitió al peronismo controlarla y manipularla en función de sus objetivos burgueses y “desviarla” de sus metas históricas. (Peña, 1973, p. 71)
José Pablo Feinmann propone realizar una mirada del peronismo desde el propio peronismo. Feinmann critica la idea según la cual sólo el desarrollo de las fuerzas productivas permite el desarrollo de la conciencia política que se materializa en el partido revolucionario de vanguardia. Para el autor esta idea es la que predomina en la izquierda a la hora de examinar críticamente la adhesión de masas que logra el justicialismo y ponderarla a partir de los conceptos de heteronomía y manipulación. Los rasgos centrales del movimiento se vinculan con la relación líder-masa, la visualización del enemigo principal y la enunciación de consignas políticas. (Feinmann, 1983, p. 38). En cuanto al primer punto, Perón aparece como un “líder orgánico” que más allá de sus cualidades carismáticas impulsa una organización de las masas que trascienda temporalmente su coyuntural liderazgo. En segundo lugar, el peronismo, constituido principalmente por una clase obrera autónoma que defendía sus intereses básicos, llevó adelante un proyecto de nación que abracaba la justicia social, la soberanía política y la independencia económica y se enfrentó claramente a la alianza de poder conservadora y oligárquica. En tercer término, las consignas populares queremos a Perón ó Perón al poder, no reflejan como supone una izquierda elitista la alineación de una masa manipulada por el líder, sino que por el contrario manifiestan que Perón es para las masas un instrumento para alcanzar el poder y realizar sus intereses postergados durante décadas de explotación y opresión.
Nicolás Iñigo Carrera (Iñigo Carrera, 2004, pp. 13-25) en su trabajo sobre la huelga general insurreccional de 1936 se centra en los sujetos y sus acciones; y en los enfrentamientos sociales que protagonizaron, más allá de ponderar el sistema institucional. A partir de allí, plantea como premisa que el sujeto colectivo de la historia son las clases sociales, que actúan y cuyas metas, en cada momento histórico, se vinculan con los grados de conciencia que tienen de sí, de las otras clases y de las relaciones entre ellas. Las clases sociales se constituyen en el proceso de la lucha, que está conformado por los enfrentamientos sociales. La estrategia de la clase obrera puede observarse analizando sus acciones, sus enfrentamientos sociales; y también examinando las opciones político-ideológicas que las diversas organizaciones le formulan a la clase. Por último, la estrategia también está determinada por las condiciones estructurales objetivas de la sociedad, Asimismo, cuando la lucha económica deviene en lucha política, la clase obrera debe establecer alianzas con fracciones no proletarias para constituir una fuerza social. En esta perspectiva, el peronismo fue un fenómeno crucial en la historia del proletariado argentino y expresó la opción de la clase obrera por una estrategia reformista.
Léase
Feinmann, José Pablo (1983), Estudios sobre el peronismo, Legasa, Buenos Aires.
Iñigo Carrera, Nicolás (2004), La estrategia de la clase obrera. 1936, Ediciones Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires.
Peña, Milciades (1973), Masas, caudillos y elites, Fichas, Buenos Aires.
Strasser, Carlos (1959) Las izquierdas en el proceso político argentino, Palestra, Buenos Aires.





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