Mujer, no me injuries.
Ni Hind ni Zaynab me seducen.
Siento inclinación, en cambio, por un corzo
cuyas cualidades todos anhelan:
no teme la menstruación,
no sufre embarazo
ni ante mí se vela.
(Poema de Ibn Hani ibn Sa'dun, poeta andalusí del siglo X)
De acuerdo a algunos registros documentales, en los reinos musulmanes del sur español existió una tolerancia hacia las relaciones homosexuales. Esta afirmación se sostendría por la circulación de poemas de carácter homoerótico en la poesía hispanoárabe de al-Ándalus. Este tipo de literatura, a menudo de la más alta calidad, floreció como un refinamiento cultural en época omeya. Al-Gahiz, un reconocido literato del período medieval, escribió que el origen de este vínculo se remontaría a la batalla de Jurasán (este de Irán) en el siglo VIII. Al no contar con mujeres, los soldados comenzaron a mantener relaciones con los jóvenes y esta práctica se expandió por todo el mundo islámico.
Sin embargo, este tipo de tolerancia no fue la moneda corriente en todos los Estados musulmanes a lo largo de la Edad Media. Uno de los términos árabes para referirse a la sodomía era lūṭī, similar al Lot de la Biblia, ya que fue uno de los pecados que se atribuyeron a los pobladores de Sodoma. Aunque el Corán no menciona explícitamente la sodomía, el derecho islámico expresa que la sociedad se debe fundar bajo el principio de la procreación, es decir, basada en la heterosexualidad. Entonces, el acto sexual entre hombres sería ilícito.
Pero la jurisprudencia árabe contiene una serie de vacíos legales. Por ejemplo, no dice nada si la seducción o todo acto sexual que no concluya en la carnalidad entre varones sea motivo de condena. Incluso, para superar la contradicción entre la legalidad religiosa y la realidad, se recurrió a un curioso hadiz atribuido al mismo Mahoma: Aquel que ama y se mantiene casto y oculta su secreto y muere, muere como un mártir. También fue superada mediante el recurso a una sublimación neoplatónica, el amor udrí, de una ambigua castidad. El objeto de deseo, generalmente un sirviente, esclavo o cautivo, invertía el rol social en la poesía, convirtiéndose en dueño del amante, estableciendo un tipo de relación similar al descrito en la antigua Grecia. En la mitología griega, el nombre de Ganímedes -un joven raptado por Zeus para que le sirviese de copero y, además, convertirlo en su amante- en árabe sería qatim (qutama en plural). En algunos textos literarios árabes este término es utilizado para hacer referencia a los sodomitas.
Aunque la situación de los reinos musulmanes andaluces fue un contraste con sus vecinos católicos de Castilla. El Liber Gomohrrianus, escrito por Pedro Damiano en el Siglo XI, condenaba a la homosexualidad como un "tránsito hacia el pecado". Este material fue parte del compendio jurídico de la Iglesia Católica para castigar a las relaciones homosexuales bajo el rótulo de la sodomía. Incluso en Las Partidas, redactadas por el rey Alfonso X, se dio un nuevo salto en la represión: la sodomía era un acto infame que traía desgracia para toda la comunidad. Esto derivaría en situaciones calamitosas como guerras, pestes y desastres naturales. Por lo tanto, los homosexuales se convirtieron en chivos expiatorios de las desgracias de la población campesina o urbana. Al igual que las mujeres acusadas de brujería y los judíos, se preparó el terreno para la cacería de personas acusadas de sodomitas.
La homosexualidad entre la elite
A partir de todo lo señalado, podríamos afirmar que la homosexualidad en los reinos musulmanes y medievales andaluces solo era posible entre los sectores acomodados y cultos. Existen datos que indican que los prostitutos sevillanos a principios del siglo XII cobraban más que sus compañeras femeninas, y tenían una clientela de clase más elevada. Esto se debería a que los varones no debían tener imperfecciones físicas y debían estar instruidos en las artes y el conocimiento del Corán. Aunque, a diferencia de las esclavas de alta categoría, no podían transmitir descendencia a partir del vínculo con la hija de un emir. Incluso, para evitar esta relación, considerada contranatura, se procedía a castrar al esclavo.
Entre los reyes andalusíes la práctica de la homosexualidad con jóvenes era bastante corriente. Abderramán III, Alhakén II (quien tuvo descendencia por primera vez a la edad de 46 años, con una esclava vasca cristiana que se travestía, a la moda de Bagdad, como si fuera un efebo), Abd Allah de la Taifa de Granada, el nazarí Muhammed VI, entre ellos, el abadí Al-Mu'tamid de la Taifa de Sevilla y Yusuf III del Reino nazarí de Granada escribieron poesía homoerótica. Abderramán III, Alhakén II, Hisham II y Al-Mu'tamid mantuvieron abiertamente harenes masculinos.
Aunque no contamos con registros que nos permita saber acerca de la existencia de relaciones homosexuales entre los estratos campesinos y artesanos, si podemos sostener que fue una práctica recurrente entre los sectores aristocráticos de los Estados medievales musulmanes. Pudo sortear la represión estatal y religiosa a partir de los vacíos legales y las ambigüedades coránicas. Justamente, los harenes masculinos solo podían ser mantenidos por una minoría social que, al mismo tiempo, tenían el acceso a la cultura letrada. Por otra parte, podemos notar la constitución de un mercado de esclavos masculinos que tuvieron una suerte de status que los distinguió del resto de los esclavos ligados al ámbito doméstico o rural.
Léase
Abu Nuwás. (2018) Masculina, femenina (poesía amatoria), Madrid: Editorial Verbum.
Casares Aurelia Martin y Delaigue María Cristina (2016) Cautivas y esclavas. El tráfico humano en el Mediterráneo. España: Editorial Granada.
Clément, François. (2020). "Les homosexuels dans l’Occident musulman médiéval: peut-on parler de minorité?", en Stéphane Boissellier, François Clément y John Tolan, Minorités et régulations sociales en Méditerranée médiévale, Rennes: Presses Universitaires de Rennes, pp. 51-72.
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