La sal de la tierra: un canto obrero desde la experiencia humana
Brindemos
por la gente trabajadora,
brindemos por los humildes de nacimiento.
Levantemos la copa por los buenos y los malos,
brindemos por la sal de la tierra.
Recemos por
los humildes,
nacidos con la carga sobre sus espaldas.
Recen para que sus hijos no sufran,
recen para que el trabajo no los destruya.
Brindemos
por los trabajadores de cuello sucio,
brindemos por su sudor y su dolor.
No puedo estar con ellos esta noche,
pero haré esta canción para ellos.
Y veo a la
multitud en las noticias,
y cuento sus rostros uno a uno.
Y los escucho gritar los nombres de mis héroes,
pero nadie de ellos vino de mi hogar.
Brindemos
por la gente trabajadora,
brindemos por los humildes de nacimiento.
Levantemos la copa por los buenos y los malos,
brindemos por la sal de la tierra.
El 1° de mayo, Día Internacional de lxs Trabajadorxs, es mucho más que una fecha en el calendario. Es un día que invita a recordar y valorar las luchas de quienes, con su esfuerzo cotidiano, han forjado derechos fundamentales como la jornada laboral digna y la justicia social. Para quienes vivimos el trabajo desde adentro -ya sea en una fábrica, una oficina, una escuela, la calle o el hogar-, esta jornada es también un espacio de memoria y de esperanza.
La canción “Salt of the Earth” de The Rolling Stones, lanzada en 1968, resuena especialmente en este contexto. Cuando Mick Jagger canta “Brindemos por la gente trabajadora”, muchos sentimos que, por un momento, el foco se posa sobre quienes suelen quedar fuera de los grandes relatos. La letra reconoce el sudor, el cansancio y la dignidad de quienes sostienen la vida con sus manos, pero también la distancia que suele existir entre el reconocimiento simbólico y la realidad cotidiana.
Quienes trabajamos sabemos que, muchas veces, nuestra labor pasa desapercibida. Sin embargo, somos la “sal de la tierra”: la fuerza que da sentido y sustancia a la sociedad. En cada jornada, enfrentamos desafíos, soportamos cargas y, aun así, seguimos adelante. La canción de los Stones, lejos de ser solo un himno, se convierte en un espejo donde se reflejan las historias de millones de personas anónimas.
Hoy, en tiempos donde la precarización y la deshumanización del trabajo vuelven a aparecer, recordar el origen de este día es más urgente que nunca. El Primero de Mayo nació de la lucha obrera, de huelgas y sacrificios, de la esperanza de una vida más justa. Es un día para honrar a quienes nos precedieron y para renovar el compromiso de seguir peleando por condiciones dignas para todxs.
Porque seguimos siendo la sal de la tierra. Y el futuro solo será posible si hay justicia y dignidad para quienes lo construyen cada día.
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