Escrito por Leandro Barros (Profesor Universitario de Educación Superior en Historia por la Universidad Nacional de General Sarmiento; Especialista de Educación Ambiental por la DGCYE; Docente de Nivel Superior).
El 24 de marzo de 2025, día en el que
en Argentina se conmemora el "Día de la memoria por la verdad y la
justicia", el gobierno nacional publicó un audiovisual que invitaba al
público a conocer "la historia completa". En el video se puede ver al
escritor Agustín Laje, operador mediático y político cercano al gobierno de
Milei, pronunciar un discurso que tiene la apariencia de "histórico"
y que debe ser leído en clave, precisamente, histórica y, a su vez,
lingüística. Estos criterios analíticos además de clarificar los
posicionamientos ideológicos, las estrategias discursivas y la relación con la
totalidad social, incorporan un problema más amplio que tiene relación directa
con las formas de conciencia específicas, concretas, objetivas y actuales que
adopta la conciencia genérica en la sociedad de productores de mercancías y con
la forma que adopta el conocimiento (específicamente el histórico) en la misma
sociedad.
Podríamos realizar diversas críticas
a la disciplina o ciencia histórica, desde las que la vinculan a los sectores
de poder político y militar en los momentos de su institucionalización hasta
las que cuestionan el alcance de su conocimiento, necesario, por formar parte
de un saber basado en la mera lógica formal, superada por la forma dialéctica del
conocimiento. O incluso, podríamos enfocar nuestra crítica en la sordera
generalizada, tanto en el mundo histórico académico como en el académico
político respecto al cuestionamiento venido del lado del posmodernismo y del
giro lingüístico, que parece estar "resuelto" con sencillamente
decretar su ineficacia de manera oral, como si de un conjuro se tratara. Pero
más allá de las posibles críticas a la Historia, posibles y deseables, aquí nos
interesa resaltar otra dimensión que entiende a la Historia en su quehacer, en
sus fundamentos para abordar algunos problemas aparejados. A su vez, nos
interesa destacar, en principio, los mecanismos discursivos a través de los
cuales Laje realiza su particular construcción.
DISCURSO, CONTEXTO Y LAS FORMAS
ACTUALES DE CONCIENCIA
El espíritu general del gobierno de
Milei (representación política del capital) respecto a la fecha conmemorativa
encuentra su cristalización en el video protagonizado por Agustín Laje:
inversión del discurso de sus supuestos oponentes políticos respecto del mismo
tema, la asociación de ideas, la apelación a una supuesta historia falsa, la
anteposición de una supuesta historia verdadera.
Antes de continuar, se impone una aclaración: no creemos que la dinámica social se agote en un conjunto de mentes diabólicas que están constantemente diseñando estrategias de ingeniería social para dominar al mundo o a la clase trabajadora. Si bien es un aspecto innegable de la lucha de clases, también pensamos que muchos otros aspectos de la realidad social devienen de procesos menos conscientes y voluntarios, de la dinámica propia del desarrollo de las fuerzas productivas y de sus expresiones materiales en el ámbito de la política, incluso de las formas propias del modo de producción y sus relaciones sociales. Lo cierto, es que en el ámbito del discurso los elementos a analizar circunscriptos en ese orden demuestran estrategias conscientes (no todas, y el análisis del discurso es rico en encontrar las intenciones en lo inconsciente o en las estructuras propias del lenguaje). La inversión en el discurso negacionista de otros discursos opuestos es evidente y la estrategia no es una novedad (sucede hasta en la apropiación del término "libertario" invirtiendo la carga semántica que le otorgaba el anarquismo). El ejemplo más concreto es el de mostrar a los grupos guerrilleros enviando a sus miembros a entrenarse a Cuba. La simple mención del hecho se solidifica invirtiendo así a su contraparte (que no se menciona), el envío de integrantes de las FFAA a la Escuela de las Américas en Panamá a entrenarse en la lucha contrainsurgente, es decir, en la desaparición y la tortura, que también recibió la influencia de la escuela francesa.
De allí que
"la historia completa" no solamente señala elementos que en cualquier
carrera de Historia vienen mencionándose hace más de 15 años sino que oculta
necesariamente su contraparte. Y si bien en fragmentos del discurso de Laje se
reconoce parte de los horrores de la última dictadura militar, en otros, se
realizan operaciones discursivas que hacen manifiesto los reales intereses, no
de Laje individualmente, sino del grupo social, políticamente estructurado, del
cual es parte. Quizás otro ejemplo específico de la inversión del discurso
opuesto sea la disputa por el sentido del titular de la fecha: Memoria, verdad
y justicia. Mantenida inalterable, se la vacía de su sentido originario y se
pretende una memoria, una verdad y una justicia que incluya a los militares
como víctimas o, a la inversa, a los detenidos/desaparecidos como parte de una
guerra (reedición de la teoría de los dos demonios). La abstracción que supone
el nombre de la fecha independizada de la lucha de clases ha dado lugar a
encerronas de este estilo que ahora, como en el Aikido, se sirven de la fuerza
del oponente. El contexto aporta otra claridad extra: La Libertad Avanza,
además de poseer un discurso negacionista, tiene a integrantes del partido que
han ido a visitar a represores de la última dictadura detenidos. Tal como
señala Van Dijk, un análisis completo considera las estructuras discursivas y
las sociales.
Los últimos dos elementos de la lista son las dos caras más visibles de una misma moneda, aunque todos los elementos mencionados están entrelazados como un nudo gordiano. Apelar a la idea de una historia falsa y su reemplazo por una historia verdadera, puede ser ni más ni menos que la vieja historia revisionista, que cada tanto vuelve a resurgir (recordemos que a pesar de que en Argentina ya existía una corriente historiográfica revisionista, el grupo de Felipe Pigna se enorgullecía de ejercer un supuesto revisionismo). Hasta ahí nos mantendríamos perfectamente en el terreno de la historiografía (si de historiadores se tratara). Pero no podemos negar el contexto particular en el que el audiovisual del video del gobierno de Milei tiene lugar. Entendemos que en la forma concreta y general de la conciencia actual de la clase trabajadora tiene un lugar para nada despreciable la pseudociencia, la conspiranoica, la influencia de las redes sociales y el couching, entre otras fuentes. Apelar a una mentira que oculta a la verdad (verdad ocultada por una "historia oficial" que trabaja en favor de los poderes políticos o "la casta", como se menciona en el video) y a su contrapartida, una "verdad" liberadora que los poderes no quieren que se sepa, roza peligrosamente (e intencionadamente) el discurso conspiranoico y pseudocientífico. Es el iluminado, el elegido, (Milei o Laje o el liberalismo libertario del cual los personajes anteriores serían encarnaciones) el que vendría a quitar los velos en la masa engañada por la "casta política" (en un país en el que no existe el sistema de castas como forma estamentaria de estructuración social) o por el comunismo empobrecedor (en un país en el que ni siquiera existió una etapa socialista en el poder, jamás). Dejando de lado estas vulgaridades a las que nos han ido acostumbrando desde el gobierno, nos queda por preguntarnos quién se atribuye la potestad de revisar ese pasado y develar el pasado "verdadero".
LOS PROBLEMAS IRRESUELTOS DE LA
HISTORIA: LA HISTORIA, LOS HISTORIADORES Y LA VERDAD HISTÓRICA
El artículo de Martha Rodríguez que
parte de la crisis del 2001 en Argentina para poner el dedo en la llaga sobre
los divulgadores ajenos a la Historia, la corporación de los historiadores
profesionales, la Historia y el éxito editorial, es un excelente punto de
partida para entender la complejidad y dificultad que supone que un no
historiador se autoasigne el rol de develar la "historia completa",
la "verdad histórica". Laje, en el video del gobierno, señala que
ante la mentira que le enseñaban en la escuela, de joven tuvo que investigar
por su cuenta (menciona que accedió a bibliografía, no dice cuál, menciona que
entrevistó a mucha gente, no dice a quiénes, menciona que fue a hemerotecas, no
dice qué diarios leyó ni con qué método lo hizo). Esta apelación a ser
autodidacta junto a la invitación a sus potenciales interlocutores a descubrir
la "verdad" por sí mismos están reñidas de pie a cabeza con los
métodos del oficio del historiador. La metodología del trabajo con las fuentes,
las perspectivas validadas en la empiria, los cuidados heurísticos y
hermenéuticos en la fase analítica, la libertad de plantear perspectivas nuevas
basadas en la evidencia, pero no decir cualquier cosa, en suma, las reglas del
oficio, son de las que carece Agustín Laje y el equipo detrás de "la
historia completa". Estas críticas adquieren mayor peso cuando se trata de
personas y grupos sociales que detentan el ejercicio del poder político, o sea,
lejos están de ser la clase dominada de la sociedad. Y que a su vez están
produciendo una situación social de gravedad dentro del capitalismo de siempre.
Una dificultad que se
despliega en distintas direcciones es la que responde al problema posmoderno y lingüístico.
Si las reglas del oficio son ese conjunto de acuerdos que se da la corporación
de historiadores de los que habla Michel de Certeau, entonces el camino a
"la ciencia como discurso" está abierto. El discurso, el acuerdo, la
construcción, han horadado la posibilidad del conocimiento científico. Y si
algún mérito se le puede reconocer al discurso presidencial es el de situarse
en el lugar de la verdad a través de la idea de "historia completa",
el de disputar una verdad. El problema de ese discurso reside en que son
evidentes los hilos de la utilización política, que algunas estrategias
discursivas permiten desmontarlo como hemos mostrado y que ni siquiera posee
legitimidad académica e histórica. Aunque, como también hemos señalado,
profundizar en varios de estos temas muestran los problemas del pensamiento
histórico. Eso no implica que no sea necesario seguir indagando y debatiendo
sobre estos problemas.
Por último, si bien matizamos las teorías de la ingeniería social, no es menos cierto que algún tipo de efecto generan estas puestas en escena como la del 24 de marzo. No es casual que el hashtag en X #lahistoriacompleta a la tarde de ese día haya estado en primer lugar, ni que en el grupo de vecinos de la alarma comunitaria del barrio algunos hayan mencionado esa frase ante el posteo de una vecina de un video crítico del liberalismo y del terrorismo de estado. La realidad del presente y sus batallas no pueden ser pensadas sin la historia académica, pero tampoco sin enfrentarse a sus problemas.
Léase
De Certeau, M. (1999). La escritura
de la historia. México: Universidad Iberoamericana.
Guerra, C. (2005). Modelos epistemológicos y metodológicos en el desarrollo de la historia.
Jenkins, K. (2009). Repensar la historia. Madrid: Siglo XXI.
Rodríguez, M. (2010). Los relatos exitosos sobre el pasado y su controversia. Ensayistas, historiadores y gran público, 2001-2006. En: Devoto, F. (Dir.) Historiadores, ensayistas y gran público. La historiografía argentina, 1990-2010. Buenos Aires: Editorial Biblos.
Van Dijk, T. (1999). El análisis crítico del discurso. Revista Anthropos, 186, septiembre-octubre 1999. Barcelona.
Excelente crítica para entender y desactivar los campos minados y fuegos artificiales creados por los relatos destinados a sofocar las preguntas propias de la construcción de la consciencia con los refritos y los copy-paste de los mandatos, las creencias del "sentido común" y la "Historia Oficial" de la dictadura del 76 y los escribas del capital.
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